André Quirós: “todos los viajes son el mejor”

En la cabina van el capitán y el copiloto // Foto: cortesía André Quirós

En la cabina van el capitán y el copiloto // Foto: cortesía André Quirós

Nació en San José, se crió en el sector de San Pedro donde vivió con su abuela y luego con su mamá y su padrastro. Es el mayor de cuatro hermanos, uno por parte de su papá y tres por parte de su mamá, con quienes se crió.

Cuando estaba en sexto año viajó a Estados Unidos a visitar a su papá, un tío político suyo era piloto y fue a quien le tocó hacer el viaje, lo llevó a conocer la cabina del avión y desde ese momento confiesa que quedó fascinado; durante todo el colegio esa fue opción para continuar sus estudios: quería ser piloto.

Una vez terminada la educación secundaria, comenta que se integró a un curso en la Escuela de Aviación en Pavas pero no le gustó, confiesa que no era lo que esperaba. Por lo costosa de la carrera, sus padres le sugirieron buscar otra opción y después podrían ayudarle a convertirse en piloto.

“Siempre he sido muy curioso con las cosas científicas, de mecánica, de armar, desarmar” comenta André. Inició sus estudios de Ingeniería Mecánica en la Universidad de Costa Rica, cuenta que se fue un semestre para Estados Unidos pero decidió devolverse a Costa Rica y transferirse a la carrera de Ingeniería Electromecánica en la Universidad Internacional de las Américas.

En ese tiempo de universidad trabajó en un ‘call center’, allá por el año 1995, cuenta André que fue de los primeros que hubo en el país. Además fue en ese entonces que descubrió su otra gran pasión: la fotografía, llevó unos cursos, se compró su primera cámara y en su afán por la aviación se concentró mucho en tomar fotos de aviones; como parte de esa afición y el auge de internet, creo la página: aviación en Costa Rica, donde compartía parte de su trabajo.

Una vez gradado como ingeniero estuvo trabajando  por dos años con su mejor amigo  que es arquitecto, en diferentes proyectos; además tenían su oficina en la Universidad Veritas donde también daban clases, André por su conocimiento en fotografía también tuvo la oportunidad de dar algunos cursos en esa carrrera. “Me gustó mucho esa etapa, y la ingeniería fue algo que me gustaba montones… igual yo siempre con mi sueño de ser piloto”, para ese momento ya llegaba a los 26 años de edad.

La oportunidad de alcanzar el sueño 
Su lugar de trabajo, la cabina, desde donde controlan todo para llegar a su destino.  // Foto: cortesía André Quirós

Su lugar de trabajo, la cabina, desde donde controlan todo para llegar a su destino. // Foto: cortesía André Quirós

Su padrastro es abogado, y cuenta André que algunos clientes le pagaban con lotes, y un día le propuso negociar uno de ellos para que pudiera ir a Estados Unidos a estudiar aviación. Anteriormente había conocido a un piloto de LACSA, gracias a su página web y le había comentado sobre esa escuela ubicada en Florida.

Los pilotos durante su formación sacan diferentes licencias, ahí pudo hacerlo y a la vez ganar horas de vuelo, lo que le da experiencia; comenta que el estar enfocado solamente en su estudio le dio ventaja para aprovechar al máximo el tiempo de formación que duró tres años. Se graduó de la Pelican Flight Training en Mami.

Cuenta que el primer año y medio es más teórico y ya después sigue la parte práctica, confiesa que no lo consideró en ese momento como cumplir, aunque no niega lo bien que se sintió, sino que considera que se cumple cuando se termina la formación. “Uno empieza en un avión pequeño, se hace instructor, da clases a otros estudiantes, luego pasa a otro avión más grande tal vez un taxi aéreo, luego lo contratan en una aerolínea pequeña y ya lleva pasajeros, después pasa a una aerolínea más grande, es otro tipo de avión…” afirma.

Sobre la primera vez que voló solo luego de unas 15 horas de práctica y vuelo con el instructor, estando aún en la escuela de aviación, afirma que fue un momento de nervios, emoción, “es una cosa tan increíble”, comenta.  Después de unas 5.500 horas de vuelo, en 10 años de carrera dice entre despegar o aterrizar, lo que más le gusta es el aterrizaje, “poner esa masa de metal en el suelo”, al igual que el despegue también tiene su técnica; pero realizar un buen aterrizaje es de lo que más le gusta.

Ser piloto implica estar en constante formación, pues cada avión es diferente cada paso que da implica un reestudio y así es hasta los 65 años, edad en que se pensionan. Cuenta que cada seis meses les realizan pruebas teóricas, y además hacen prácticas en un simulador donde se les presentan posibles situaciones de emergencia, de esta forma podrían estar preparados ante cualquier eventualidad; André afirma que hasta el momento no le ha tocado vivir ninguna en la vida real.

El vuelo más largo que ha realizado fue a Guyana, en dos trayectos de seis y siete horas aproximadamente; iba a dejar un avión allá por lo que el viaje, según cuenta, era más relajado y lo disfrutó mucho.

Un trabajo sacrificado

El trabajo de un piloto es muy dinámico, no es de rutina, comenta André que mes a mes les dan un horario con los diferentes vuelos que les corresponde hacer, no hay fines de semana, días feriados, o fechas especiales; a esto ya está más que acostumbrado.

Además de su trabajo, André tiene su familia, su esposa María José y su hijo Tomás, de tres años, quienes también han tenido que acoplarse a la dinámica de trabajo del piloto, afirma que no ha sido tan complicado y que aprovecha sus días libres para compartir con ellos; no todos los papás tienen la oportunidad de compartir un día entre semana con sus hijos, afirma.

A pesar del sacrificio la recompensa y la satisfacción que le deja ser piloto se ven reflejadas en sus palabras, al afirmar que cada vuelo siempre es diferente, destaca que lo mejor de su profesión es “poder ver todo desde una perspectiva diferente… ver el poder de la naturaleza a la par de uno”, no tiene un viaje preferido pues “todos los viajes son el mejor viaje”.

Actualmente trabaja para Avianca, y este trabajo lo combina con su pasión por la fotografía, se dedica junto con un amigo suyo a la fotografía aérea, ha tenido la oportunidad de seguir desde los aires diferentes construcciones, además de poder hacer algunas tomas de los mejores lugares del país y compartirlas en su página Fotos Aéreas Costa Rica, donde afirma que gusta compartir con la gente lo que muchos no tienen la oportunidad de ver.

Vista aérea de Puerto Limón // Foto: Cortesía de André Quirós y fotosaerearcr.com

Vista aérea de Puerto Limón // Foto: Cortesía de André Quirós y fotosaerearcr.com

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